Pringles, entre Sarmiento y Bogado
Ya habrán visto varios de estos carteles. Hay quienes ya perdieron toda esperanza de siquiera un atisbo de comunicación entre humanos. Porque (seamos realistas) que existan cada vez más medios electrónicos para ponernos en contacto no significa que nos estemos diciendo algo, ni que escuchemos mejor que antes. Por eso, hay vecinos que apelan al viejo papelito manuscrito, y no ya para comunicarse con sus congéneres, sino con sus mascotas, sin por ello culparlas del estropicio que dejan sus dueños en las callecitas de Buenos Aires. Que, como ya dijo un tango, tienen ese "qué se yo, ¿viste?"
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